Stament y contexto filosfico
- Sara Montoya
- 21 jul 2025
- 3 min de lectura

Vivimos en una era de saturación de información, donde el ruido se ha convertido en el paisaje sonoro y visual de nuestro tiempo. Las imágenes ya no son ventanas, sino oleajes constantes que imposibilitan la pausa. En este contexto, Data Stream se concibe como un ejercicio de deconstrucción y reconfiguración del presente digital, explorando la fragmentación del ser a través de la síntesis granular, el led mapping, la visualización algorítmica y los modelos de inteligencia artificial.
Esta obra no busca ofrecer respuestas ni representar una narrativa lineal, sino construir una atmósfera desde la experiencia: un espacio donde lo visible se construye desde la tensión entre datos, cuerpo, percepción y ausencia. Es un paisaje vibrante donde cada partícula visual o sonora pulsa desde una matriz de información que se actualiza, distorsiona o fragmenta constantemente.
La obra no busca generar una interacción directa con el espectador, sino crear un entorno que lo invite a desacelerar, a habitar el espacio desde la contemplación y la percepción expandida. Más que activar el sistema, el visitante es convocado a percibir de otro modo, a observar cómo el flujo de imágenes, datos y sonidos propone otras formas de estar en el presente. Data Stream no exige respuesta: propone una pausa en la vorágine tecnológica, un umbral sensorial donde dialogan arte, cuerpo y máquinas.

Esta obra también se configura como una crítica sensible al papel que desempeñan la inteligencia artificial y los dispositivos tecnológicos en nuestra cotidianidad. En una era donde delegamos funciones cognitivas a sistemas automatizados, donde la memoria se externaliza y la atención se dispersa entre pantallas, Data Stream indaga en el impacto invisible de estos cambios: la fatiga mental, la hiperestimulación, la soledad en red.
El capítulo de visualización de datos está construido a partir de una investigación en curso sobre el uso de la inteligencia artificial a nivel energético —consumo de recursos por parte de servidores, algoritmos y plataformas de entrenamiento de modelos—, así como su vínculo con la salud mental: ansiedad digital, agotamiento atencional, y el reemplazo progresivo del pensamiento pausado por automatismos algorítmicos.

La obra no se limita a representar estas tensiones: las encarna en tiempo real, permitiendo que el flujo de datos —energéticos, sociales, sensoriales— afecte directamente la forma, el sonido y el ritmo de la experiencia. En este sentido, Data Stream se convierte en un sensorium algorítmico que traduce el exceso en presencia, y la sobrecarga informativa en un cuerpo colectivo en tensión. su presencia lo altera, su movimiento lo detona. El vacío, el glitch, el silencio y el ruido no son opuestos, sino partes de una misma sintaxis que rehúsa lo concluyente para proponer una experiencia expandida del presente.
Inspirado en referentes como Ryoji Ikeda, Nonotak Studio y Tundra, el proyecto busca trascender el arte tradicional para convertirse en una experiencia inmersiva que activa los sentidos y la conciencia del espectador. El silencio actúa como contenedor de lo posible, mientras que el ruido, tradicionalmente relegado como residuo o interrupción, se convierte en una forma de cuestionar los discursos dominantes y de manifestar lo reprimido.
Desde la perspectiva de pensadores como Byung-Chul Han, Cage, Derrida y Adorno, la fragmentación y la disolución informativa no son fallas, sino manifestaciones de una verdad contemporánea. En ese intersticio se construye Data Stream: una experiencia que no intenta explicar, sino encarnar las tensiones entre exceso y vacío, tecnología y cuerpo, información y percepción.



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